Lecturas · Mayo 2025
Sukegawa, Meruane y Ahmed
Nueva edición de lecturas del mes, que nadie pidió. Tarde pero seguro.
Primera lectura · Dorayaki, de Durian Sukegawa
Me recomendaron este libro, por su simpleza y su dulzura. Me aseguré de comer dorayakis antes de leerlo, así que por suerte no estaba tan perdida con la composición del postre (parte fundamental de la trama). Es un libro demasiado cursi. La prosa japonesa (que admito que no he leído en profundidad) me resulta llana. Siempre pienso, medio en chiste, medio en serio, que es por ser sudamericana y leer demasiado sudamericanamente (en contenido y perspectiva). Por eso me gusta tanto Alejandra Kamiya, porque ambas miradas convergen. A veces desde la forma, a veces desde los temas.
Pienso, de todas formas, que tendría que leer un poco más antes de decidir que no me convence la prosa japonesa; tengo un par de novelas de Natsume Sōseki pendientes en la biblioteca; Murakami no termina de cerrarme… Con los coreanos tuve más suerte (recomiendo mucho Intrusos, de Jung Hyug Yong, traducido y editado por Hwarang Editorial). Quién te dice. Seguiré probando (y siempre acepto recomendaciones).
Volviendo a Dorayaki: creo que lo más potente del libro está al final. Se unen cabos temáticos con delicadeza; hay una idea central que termina mediando bien el porqué de lo escrito, la historia. Es un libro simpático. Si uno se encuentra en un periodo sentimental, quizás lo disfrute más. Tiene su belleza. Lo cotidiano y lo lento son cosas preponderantes. No lo descarto del todo.
Segunda lectura · Sistema nervioso, de Lina Meruane
Me tocó un mes de lecturas muy centradas en la enfermedad (inadvertidamente, tampoco fue planeado), así que Dorayaki fue un buen comienzo. Este sería el tercer libro de Meruane de su ‘trilogía de la enfermedad’. Sistema nervioso, una genealogía de la enfermedad, cortocircuito del cuerpo, una suerte de paranoia por el cuerpo enfermo ajeno y una obsesiva hipocondría para el cuerpo propio. La herencia de cánceres en una familia de sangre infecta, dolor, dolor y posponer la tesis doctoral (muchos se encontrarán identificados). Esos son algunos de los temas que aparecen en esta novela.
Era una familia cancerosa o lo había sido. Muchos ya habían mucho y los demás estaban procurando olvidar de qué.
Olvidar, por ejemplo, que el cáncer se urde en los tejidos de manera silenciosa. Por dentro. Por debajo. Alrededor. Que las células malignas orbitan indiscernibles a bordo de la sangre y a veces son la sangre misma. Y que el dolor no siempre avisa o no siempre a tiempo (p. 117).
Con una mano en en el corazón: no es mi favorito de Meruane (aunque sí me gustó mucho). Quizás se extiende en algunas cosas que terminan arrastrándose. Pero, igual que en Dorayaki (que, coincide en algunos temas, aunque estéticamente están en las antípodas), en el final cierra todo. Cierra todo y te da una buena piña. No sé ustedes, pero los secretos con el padre pesan. La enfermedad, la vejez, lo heredado. Todo pesa en el cuerpo.
Como siempre, voy a ponerme a molestar con el tema formal. Son cuatro partes (líneas cronológicas), pero lo que más me gusta es su composición interna: está separada por asteriscos, fragmentaria y breve. Luego: el resalte tipográfico. Aparecen palabras (a veces sintagmas, a veces palabras inconexas o unidas por asociación) en cursiva. En la lectura aparecen como intrusiones del subconsciente: ¿de la narradora? ¿de Meruane? ¿nuestra? A veces me daba la impresión de que leía mi propia distracción.
Tercera lectura · La política cultural de las emociones, Sara Ahmed
Es uno de los libros, sino el libro, más importante sobre el ‘giro emocional’. Ahmed estudia “la emocionalidad de textos públicos”, para examinar el funcionamiento de sus economías afectivas y cómo circulan/ se imprimen en los cuerpos. En primer lugar, Ahmed explora “cómo funcionan las emociones para moldear las ‘superficies’ de los cuerpos individuales y colectivos” (p. 19).
Trabaja textos y su circulación/ movimiento en torno al dolor, la vergüenza, el miedo, la repugnancia, el amor y el odio. Yo leí con mucha más profundidad y cuidado la sección del dolor, que es lo que estaba intentando ‘entender’. Ya lo dije, vengo con lecturas muy clínicas/ sobre la enfermedad. Estoy estudiando este tema, así que era lógico leerlo.
El primer ejemplo que Ahmed da en el texto es bien esquemático para entender su análisis, que quizás hasta ahora estoy dejando muy ‘en el aire’:
Todos los días, todos los años, hordas de inmigrantes ilegales y falsos solicitantes de asilo invaden Inglaterra por todos los medios a su alcance… ¿Por qué? Porque están buscando comodidades fáciles y prestaciones sociales gratuitas en la Inglaterra mano blanda. Todo financiado por TI: ¡por los impuestos que pagamos los británicos! (Cartel del Frente Nacional Británico).
Seguro les suena… En ese breve enunciado se estableció un ‘vos’, un ‘nosotros’, un ‘otros’, una metáfora y oposición entre ‘duro’ / ‘blando’ y una personificación de un país que se deja “invadir” pasivamente. La pasividad se asocia históricamente con lo femenino, que a su vez se enlaza con lo emocional, cualidades negativas desde la perspectiva cartesiana. Este cartel ya pone en juego una cantidad enorme de aristas que dialogan entre sí: lo histórico, lo político, lo filosófico y lo emotivo, entre muchos otros campos. “Reemplazar una palabra para una emoción con otra palabra produce una narrativa” (p. 40), nos dice Ahmed.
Cuando habla de “moldear” los cuerpos (que parece quizás mera abstracción, si lo pongo acá sin contexto), Ahmed se refiere a las reacciones y a las acciones reiteradas que nacen a partir de la emotividad (que puede ser suscitada a través de mensajes de odio, como en el ejemplo). De esta manera:
“[…] las emociones no están ni ‘en’ lo individual ni ‘en’ lo social, sino que producen las mismas superficies y límites que permiten que lo individual y lo social sean delineados como si fueran objetos” (pp. 34-35).
No voy a extenderme más allá de la introducción (ni ahondar en el dolor, el tema que me ‘ocupaba’ en mi lectura), pero recomiendo acercarse a este texto, aunque no busquen respuestas o no estén pensando de manera teórica en las emociones/ los afectos. Tengo que decir que la lectura es muy agradable. Leí la traducción de Cecilia Olivares Mansuy y es realmente buena.
Mayo fue bastante caótico, así que no pude leer mucho más que esto (que fue bastante, de todas formas). También me gusta hacerme el hábito de dedicar al menos unas líneas a lo que leo y tener este registro, es un práctica saludable. No importa cuándo lo publique (o si siquiera lo publico, al final).
Ahora estoy leyendo otras cosas (incluso una recomendación de una mutual de acá ☺), así que supongo que junio será un mes fructífero para lecturas más ‘personales’ o ‘de ocio’. Estoy pasando, aparte, por un periodo pesimista en mi gusto por la escritura/ la lectura: ¿para qué todo esto? y, sobre todo, ¿por qué este afán innecesario de escribir? (incluso si es por acá, que sé que no tiene mucho peso en mi ‘realidad’).
Estoy intentando recuperarme del golpe (que es, en el fondo, un temblequeo en mi autoestima y en mis proyectos). ¿Cuándo se convence uno de lo que viene haciendo? ¿Cuándo se convence de que este es el camino, estos son los gustos, esto es lo que se elige? Últimamente dudo mucho de todo, pero espero volver a un estado de afincamiento (lo antes posible, porque está siendo difícil).
En fin, nos vemos a fines de junio para más lecturas mensuales. Siempre me entusiasma mucho cuando alguien me responde qué está leyendo/ me recomienda algún texto. Siéntanse libres de responder (así no siento que hablo con la pared, che).




Me pasa lo mismo cuando leo literatura oriental. Seré también demasiado sudamericana… 🤭🤔
Hola, querida. Qué gusto da leerte. Por tu posteo de abril me di cuenta de que veníamos leyendo a Andrés Montero casi a la par (prefiero los cuentos). Mi recomendación por el lado japonés es Banana Yoshimoto. Hace unos años leí Kitchen y me gustó mucho más que otros textos japoneses con prosa llana (y no a lo Wim Wenders, sino llana aburrida). Ojalá encuentres tiempo para pensar en esas cosas tan abrumadoras para encontrar un poco de calma. Con amor, alguien que no sabe ponerse seudónimo ✨